viernes, 20 de marzo de 2015

NOS GUÍA UN DULCE CANTO DE RELÁMPAGO QUE SE EXPANDE




La cabellera de espigas de trigo de la mujer, se puebla de pájaros ebrios. Signos en el cielo  nos señalan el verano: destellos de oro se interceptan y forman letras nunca vistas, letras que danzan mientras flotan.

A lo lejos, un hombre se inclina ante los retoños de los nuevos sembrados y sostiene un diálogo sagrado con la tierra, como si sus palabras impulsaran el crecimiento del ramaje. Un silencio de gracia convoca los ritos diurnos de los animales. Los prodigios del sol gestan nuevos acordes que anuncian la resurrección de los dones de la tierra.

Verás la espiga resucitar en tierra de nadie. Verás el arroz  brotar de los sembradíos sobre lo que fuese tierra calcinada. Verás en el fondo de los aljibes el rostro de los desaparecidos, la luna menguante en sus frentes hendidas

Toda epifanía se desangra, ante el horror que aún pesa como un antiguo estigma, ante el luctuoso vaho que exhalan las ventanas. Las metamorfosis del abismo erigen nuestra voz. Cantamos entre demoliciones, entre el hierro crispado del odio. Las víctimas reclaman su voz, mediante  ésta palabra en la que el girasol de huesos se mueve a ritmo de colibrí disolviéndose en cielo de ácido.

Anhelamos esa pradera donde el mirlo y la ardilla reposen. Un lugar sagrado donde el pájaro de la soledad y la luna, abreven en la montaña de bronce.

Nos guía un dulce canto de relámpago que se expande, de niño saltarín por rocas de riachuelo. La música de oro de nuestros sueños.



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Textos emitidos desde Medellín-Colombia/ Autor: JAIRO GUZMÁN guzmanjairo@gmail.com

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Medellín, Colombia
Soy un animal de la noche que atraviesa el dia como quien se traga una hoguera. guzmanjairo@gmail.com